Los amigos, el silencio y un abrazo.
Hay que sincerarnos con el día del amigo. Sería al menos una forma de evitar enredar en el mismo saludo a amigos, conocidos y extraños. También sirve para evadirnos de la farsa de inventar una verdad que aspira salir impune como quien necesita auto-justificar una jerarquía inconsistente. Bautizar amigo a quien no lo es, es como usurpar títulos. Una vez alguien llamó doctor a Borges, entonces él dijo: “sin doctor”. Para enmendar su desliz, el mismo sujeto lo llamó: “Señor Borges”. A lo que éste respondió: “Tampoco. Es Borges sólo nomás”. No quisiera pasar por mal pensado pero usurpaciones de títulos ha habido y habrá a raudales mientras la especie dure. Los abogados, por ejemplo, suelen auto-adjudicarse el status de doctor, el común social así les llama y sin rubor responden con la naturalidad de quien oye una extensión de su nombre. Ese doctorado es una usurpación disimulada. Para ser doctores, los abogados deben aprobar una carrera aún más ardua que la cursada para el título de grado. Para ser amigos, las personas deben aprobar una relación aún más ardua que la mantenida para el título de conocido.
Si buscamos comprobar la legitimidad de los licenciados, un título tan masivo como decir vecino, nos daríamos con un par de grillos cantando al lado de un cartel de “vacante”. Aunque no es para alarmarse, basta con pagar una multa de $750 a la justicia como pagó Telerman, y uno queda eximido del pecadillo. La verdad que desconozco a cuánto ascenderá la multa de Blumberg por haber usurpado el membrete de ingeniero. A lo mejor el monto depende del uso. Si lo usó para hacer una silla, una represa, un acueducto de pueblo o uno internacional, o solo para darse dique sin construir nada, casi como algo inocuo. Como dar rango de Teniente General a quien no participó en más guerras que las del T.E.G. o la batalla naval. O como el desatino de “pensador” tan común y regalado en éste país, donde parecería que hay mas pensadores que en las Antiguas Grecia y Roma juntas. Suena más auténtico el término “no pensante”.
El título le otorga al individuo la condición de aquello que realmente es, el problema nace cuando el individuo no es y espontáneamente simula serlo. Incluso nuestra lengua ha sufrido cambios para desdramatizar ciertos títulos, banalizando el lenguaje a fin de lograr una interpretación más ligera. Y en esa ligereza se disipa el contenido. Por ejemplo, lo que antes era curandero o brujo, hoy le llamamos mentalista; acomodado político hoy es asesor; los homosexuales son diferentes; un loco mal vestido es un transgresor; y al que repite de oído varios temas se lo conoce como consultor. Ninguno es lo que su nombre indica, pero como nos entendemos, pasan por legítimos. Vale decir, al pan pan y al vino… otro nombre.
No quiero ni imaginar el gran revuelo que se armaría en el mundillo futbolero si se le exigiera la prueba de coronación al “Rey” Pelé, o la prueba de su divinidad al “Dios” Maradona. A Bermúdez le dicen “El Patrón”, pero la única vez que manejó peones fue cuando intentó jugar un partido de ajedrez. A Ortega lo conocen como “Burrito”, aunque con toda sinceridad no me interesa pedirle pruebas. Si los animales demandaran, muchos deportistas deberían resarcir a gatos, gatas, patos, lobos, anguilas, monos, chanchos, chanchas, y un par de zoológicos mas. La fauna no tiene la culpa de las usurpaciones. Por eso creo que hay que ser compasivo con los títulos.
Hay que nombrar “amigo” a quien ha alcanzado el alto umbral de serlo. Al título de amigo hay que legitimarlo para que cada 20 de julio no sea una jornada como cualquier otro día de conocidos. Incluso la expresión “buenos amigos” me suena pleonástica (redundante), como subir arriba o bajar abajo. Como darle categorías a la amistad, olvidándonos que ésta palabra goza de enorme capacidad para sintetizar la idea. La individualidad de la palabra es tan suficiente como bella su sonoridad. Por lo que el mal amigo tampoco existe, en todo caso nos tocó en suerte un “falso amigo”, un “no amigo”.
Una sugerencia final: El mejor homenaje al amigo se resume en un fuerte abrazo. Ortega escribió alguna vez que la identidad de un país puede encontrarse en sus silencios, en lo que no hace falta decir para entenderse, en el sobreentendido, esa especie de complicidad tácita que nos argentina… Caramba, tanto buscar palabras de amistad y me terminó ganando un silencio que no necesita de aclaraciones.
Miguel Martín Gómez Amigott
Hay que sincerarnos con el día del amigo. Sería al menos una forma de evitar enredar en el mismo saludo a amigos, conocidos y extraños. También sirve para evadirnos de la farsa de inventar una verdad que aspira salir impune como quien necesita auto-justificar una jerarquía inconsistente. Bautizar amigo a quien no lo es, es como usurpar títulos. Una vez alguien llamó doctor a Borges, entonces él dijo: “sin doctor”. Para enmendar su desliz, el mismo sujeto lo llamó: “Señor Borges”. A lo que éste respondió: “Tampoco. Es Borges sólo nomás”. No quisiera pasar por mal pensado pero usurpaciones de títulos ha habido y habrá a raudales mientras la especie dure. Los abogados, por ejemplo, suelen auto-adjudicarse el status de doctor, el común social así les llama y sin rubor responden con la naturalidad de quien oye una extensión de su nombre. Ese doctorado es una usurpación disimulada. Para ser doctores, los abogados deben aprobar una carrera aún más ardua que la cursada para el título de grado. Para ser amigos, las personas deben aprobar una relación aún más ardua que la mantenida para el título de conocido.
Si buscamos comprobar la legitimidad de los licenciados, un título tan masivo como decir vecino, nos daríamos con un par de grillos cantando al lado de un cartel de “vacante”. Aunque no es para alarmarse, basta con pagar una multa de $750 a la justicia como pagó Telerman, y uno queda eximido del pecadillo. La verdad que desconozco a cuánto ascenderá la multa de Blumberg por haber usurpado el membrete de ingeniero. A lo mejor el monto depende del uso. Si lo usó para hacer una silla, una represa, un acueducto de pueblo o uno internacional, o solo para darse dique sin construir nada, casi como algo inocuo. Como dar rango de Teniente General a quien no participó en más guerras que las del T.E.G. o la batalla naval. O como el desatino de “pensador” tan común y regalado en éste país, donde parecería que hay mas pensadores que en las Antiguas Grecia y Roma juntas. Suena más auténtico el término “no pensante”.
El título le otorga al individuo la condición de aquello que realmente es, el problema nace cuando el individuo no es y espontáneamente simula serlo. Incluso nuestra lengua ha sufrido cambios para desdramatizar ciertos títulos, banalizando el lenguaje a fin de lograr una interpretación más ligera. Y en esa ligereza se disipa el contenido. Por ejemplo, lo que antes era curandero o brujo, hoy le llamamos mentalista; acomodado político hoy es asesor; los homosexuales son diferentes; un loco mal vestido es un transgresor; y al que repite de oído varios temas se lo conoce como consultor. Ninguno es lo que su nombre indica, pero como nos entendemos, pasan por legítimos. Vale decir, al pan pan y al vino… otro nombre.
No quiero ni imaginar el gran revuelo que se armaría en el mundillo futbolero si se le exigiera la prueba de coronación al “Rey” Pelé, o la prueba de su divinidad al “Dios” Maradona. A Bermúdez le dicen “El Patrón”, pero la única vez que manejó peones fue cuando intentó jugar un partido de ajedrez. A Ortega lo conocen como “Burrito”, aunque con toda sinceridad no me interesa pedirle pruebas. Si los animales demandaran, muchos deportistas deberían resarcir a gatos, gatas, patos, lobos, anguilas, monos, chanchos, chanchas, y un par de zoológicos mas. La fauna no tiene la culpa de las usurpaciones. Por eso creo que hay que ser compasivo con los títulos.
Hay que nombrar “amigo” a quien ha alcanzado el alto umbral de serlo. Al título de amigo hay que legitimarlo para que cada 20 de julio no sea una jornada como cualquier otro día de conocidos. Incluso la expresión “buenos amigos” me suena pleonástica (redundante), como subir arriba o bajar abajo. Como darle categorías a la amistad, olvidándonos que ésta palabra goza de enorme capacidad para sintetizar la idea. La individualidad de la palabra es tan suficiente como bella su sonoridad. Por lo que el mal amigo tampoco existe, en todo caso nos tocó en suerte un “falso amigo”, un “no amigo”.
Una sugerencia final: El mejor homenaje al amigo se resume en un fuerte abrazo. Ortega escribió alguna vez que la identidad de un país puede encontrarse en sus silencios, en lo que no hace falta decir para entenderse, en el sobreentendido, esa especie de complicidad tácita que nos argentina… Caramba, tanto buscar palabras de amistad y me terminó ganando un silencio que no necesita de aclaraciones.
Miguel Martín Gómez Amigott
4 comentarios:
Holaaaa.. re bueno el coment che!!! Me cagué de la risa. Solo te faltaron el pinguino y el toro, 2 animalitos q deberían interponer demanda en Sta. Cruz y Entre Rios, respectivamente. Jajaja!!!! Un besote, chauuu.
El post está muy interesante, lástima la parte de los apodos. Me parece que está de más. No tiene nada que ver, si a un jugador le dicen patrón, burrito o lo que sea, no es porque ellos se lo pusieron, los apodos generalmente los ponen otros y me parece que no tienen qué justificar al respecto.
interesante post, bien expresado, aunque pienso q vivimos en una sociedad muy perseguida, por lo q es preferible q todo el mundo te tome por amigo, de lo contrario te toman de una por un "no amigo", y eso a veces es medio peligroso, entre uno y otro elijo como amigos a todos, y listo. igual está muy bien la idea, muy ideal, pero cierta.
Comparto la idea d no llamar "amigo" al primer personaje q surja en ntrs vidas, el ser amigo encierra mch y no tdo el mundo es merecedor......m gusta lo q escribis
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