Admitir que cada mujer sostiene en su esencia la potencia de una flor en funciones, es redundar. Solo ellas pueden cortar el paisaje y suspender el aliento, con prepotencia de azúcar. Suena cursi, pero es la naturaleza, provocando a tiempo completo, quien así logra atraer los opuestos polos de la humanidad. Algo parecido sucede en la física, con el romance atómico de hierro e imán, o en la astronomía, con el guiño eterno de sol y luna. Justamente, la femineidad tiene rango astronómico. Acostumbrados a identificar el planeta como esfera donde deambulan agujeros cada vez más tóxicos, verlas iluminarse cada día es milagro que ilumina la creación. Y demás está decirlo: nada de lo escrito tiene que ver con la belleza exterior.
La historia universal enseña el protagonismo de grandes mujeres. En la escalera cronológica de las primeras involucradas, está Cleopatra. Astuta soberana, seductora de Julio César y Marco Antonio. Hasta se atrevió a la libertad del suicidio haciéndose morder por una serpiente, forma de pasar a la otra materia, que los hombres alardeaban reservar para sí mismos. Los dictadores de los totalitarismos más cruentos que sufrió el planeta, perecieron junto al amor de una mujer: Clara Petachi y Eva Braun. Líderes políticas de repercusión mundial, como Indira Ghandi, cuya imagen fue sublimada por infortunado asesinato, y Margaret Thatcher, quien tras obsequiar a la posteridad su marca de "hierro", vino herrumbrándose al son del óxido global que opacó cada uno de sus argumentos económicos. Insignes personalidades provenientes de escenarios antípodas, pobreza y opulencia: Madre Teresa y Lady Di, damas estelares de la última parte del siglo pasado. El témpano de ébano cívico-militar, Condoleeza Rice, otra señora estelar. La Argentina moderna y contemporánea, también regala a la ponderación histórica cuatro modelos de mujer: Evita, Isabel, Cristina y Elisa, cuyos abismales contrastes de mitología ética y social se equilibran, en dos de ellas, por el usufructo de idéntico apellido, y en las dos restantes, por ambiciones de gobierno. La historia es rica en virtudes y defectos color rosa. Y así como algunas desparramaron sentimientos de almíbar y paz, otras propagaron cólera y amarguras. La participación femenina en la vida política resulta condición necesaria para que todo equilibrio sea posible, en la medida que su inclusión es un acto de estricta justicia y democracia.
El día auspicia buena oportunidad para repensar la paradoja de 146 trabajadoras textiles calcinadas en 1908 cuando reclamaban mejores condiciones laborales. Hoy se conmemora la lucha de la mujer por su participación institucional y humana. Ya no queda renglón en el Código Civil Argentino que atribuya más derechos al hombre que a la mujer: patria potestad compartida, uso optativo del nombre de soltera y divorcio vincular, son apenas tres muestras de igualdad. Décadas de reclamos femeninos se sinceraron en pocos años de legislación. ¿Arrepentimiento masculino? No. La ley se puso a tiro de los cambios sociales. Aún resiste el pensamiento que ve, por ejemplo, en cualquier funcionaria pública, una estrategia de políticos varones, que ubican en las listas a candidatas escogidas, no por capacidad o carácter representativo, sino por fidelidad a ellos. La lista es larga: esposas, primas, hermanas, sobrinas, amantes, amigas. Pero lo realmente cierto, es que un 40% de los hogares nacionales son conducidos por mujeres. Se eliminó la discriminación de trato (aunque persista en salarios y cargos). Y como asunto concluyente, las mujeres revelan: capacitación, iniciativa y autonomía. Por caso, el 60% de la matrícula de la UBA es femenina, y por cada 10 títulos femeninos, 8 son masculinos.
Finalmente, están esas mujeres involucradas con el papel ancestral de amor humano y resistencia física y espiritual, que supera cualquier rol: Las madres. Mujeres que sostuvieron y sostienen ese arquetipo clásico y visceral que Bertolt Brecht consagra en su obra “Madre Coraje”, cuando en la última escena ella avanza sola, arrastrando un pesado carromato por los campos devastados por la guerra, como si aún cargara la esperanza. Virtuosa tenacidad que el reparto de la vida concede, sabiamente, con mayor abundancia a las mujeres.
Entre néctar, mariposas y nubes. Feliz día mujer.
Miguel Martín Gómez Amigott
jueves, 26 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)